La historia de la Provincia de Buenos Aires
Por Fernando Enrique Barba: biografía del coordinador del libro
Creación del Virreinato del Río de la Plata
La creación del Virreinato del Río de la Plata formó parte del plan general de reformas adoptadas por los reyes Borbones y especialmente por Carlos III; en términos generales puede afirmarse que dicha creación respondió a los evidentes progresos económicos que se produjeron en estas latitudes como consecuencia de las franquicias comerciales otorgadas desde principios del siglo XVIII. Lo cierto es que desde aquel hecho ocurrido en 1776 la economía rioplatense logró un vigoroso desarrollo, especialmente a partir de la sanción en octubre de 1778 del Reglamento de Comercio Libre, ya que la pobre colonia de la víspera se transformó rápidamente en un estado respetable, con importantes rentas, el aumento de las transacciones comerciales y un activo comercio interprovincial merced a las posibilidades exportadoras que a partir de entonces existieron.
La provincia de Buenos Aires es la unidad política de más rica y vigorosa vida histórica de la República Argentina. La explicación de esta afirmación resulta poco menos que ociosa ya que la mayor densidad de población le correspondió casi desde los momentos iniciales de la ocupación española de estas tierras. Pero las concentraciones humanas no se producen al azar; son necesarios ciertos factores que, en el caso de Buenos Aires se conjuraron en su favor: factores físicos y humanos.
Su topografía, una casi ininterrumpida llanura, ha determinado el nacimiento de formas históricas inexplicables en otros ambientes físicos; el aislamiento de los grupos sociales con el consiguiente debilitamiento de la autoridad central, la ganadería como fuente exclusiva de recursos, el gaucho y otras muchas manifestaciones, nos demuestran que la historia del pueblo bonaerense está vaciada en el molde del suelo por él habitado. En efecto, la dedicación casi absorbente a la ganadería, que constituyó el primer estadio de nuestra economía, la aplicación luego de ingente mano de obra a las labores agrícolas caracterizaron otras de nuestras etapas, son fenómenos que llaman poderosamente nuestra atención. Frente a ellos, ¿sería válido dudar que no podía ser otra la base de nuestra economía? No significa esto que la naturaleza física haya reducido al hombre a la mera condición de esclavo sin voluntad, al contrario, expresamos que el poblador de Buenos Aires luchó para adaptarse, buscando los lugares y las formas más aptas para su subsistencia.
En esta adaptación han operado diversos factores: relieve, población indígena, recursos del suelo, relaciones con otros núcleos humanos, vías de comunicación y comercio. Por otra parte, no en todos los lugares de la provincia la vida histórica se ha desarrollado con la misma intensidad. Explicar estas relaciones y variaciones será la misión de la síntesis histórica, geográfica y económica que hoy presentamos, dejando en claro que gran parte de ls historia argentina pasó en forma casi excluyente por la provincia de Buenos Aires y por lo tanto, estudiar la historia de la provincia es estudiar también la historia nacional
Buenos Aires fue, además, la cuna de la argentinidad. La Revolución de Mayo que marcó el comienzo de aquella, fue un acontecimiento que necesariamente debía producirse allí, no sólo por ser el asiento de las autoridades virreinales sino también, y esto es lo más importante, por ser la sede de los grandes cambios económicos y culturales que hicieron inevitable, para cuando las circunstancias se presentaran propicias, el choque con las autoridades coloniales por la colisión de los intereses locales, llámense ganaderos, comerciales, mercantiles, con los sustentados por España.
Las causas económicas de la Revolución de Mayo
Las exportaciones derivadas de la ganadería
Real Orden de marzo de 1797
Desde el punto de vista de las exportaciones, no debe olvidarse por sus importantes consecuencias, la Real Orden del 25 de marzo de 1797, que otorgaba al conocido comerciante Tomás Antonio Romero el derecho de introducir todos los esclavos que trajera de Africa, dándole a cambio el permiso de exportar en cualquier nave cueros y otros frutos del país, debiendo pagar solamente como derechos de extracción del 0,5% de tasa de Consulado más un 6% de tarifa normal.
A fines del siglo XVIII, el conjunto de las actividades económicas del Río de la Plata y especialmente la región de Buenos Aires se vieron incrementadas por una serie de hechos que fueron desde actos de gobierno hasta el cambio de mentalidad en forma positivamente dirigida hacia la aplicación de nuevos modelos comerciales. Dentro de los primeros y entre otros, debe mencionarse, además del antedicho, la autorización para comerciar con las colonias extranjeras de 4 de marzo de 1795 que facilitó, con importantes limitaciones, contactos directos con Brasil, Estados Unidos y en menor medida con países europeos. Africa y eventualmente Asia, como también al cambio de actitud producido en el sector mercantil porteño.
En 1797, la Real orden del 25 de ese mes vino a reemplazar a la de 1784, ampliada también por otra de 1791, que había autorizado la reapertura del tráfico negrero en Buenos aires, permitiendo simultáneamente a los navíos extranjeros que introdujeran la carga humana de exportar en retorno frutos del país.
Se intentaba de esta manera no sólo fomentar las ventas de los productos coloniales sino también evitar la fuga de metales. La franquicia provocó la inmediata reacción de los monopolistas porteños que, ante el eventual peligro de aumento del precio de los cueros al ampliarse ese mercado, reclamaron ante el Consulado el cual, dominado por los mismos intereses perjudicados, declaró que los cueros no eran frutos del país.
Este derecho alcanzó también a otros negreros de ambos lados del Río de la Plata, quienes a pesar de la anterior declaración, iniciaron la extracción de un importante volumen de cueros y suelas hacia los más variados destinos, no siendo demasiada perjudicada dicha actividad en los períodos de guerra. Esta situación influyó directamente en el aumento del valor del cuero, cuyo mercado, hasta ese momento, y a pesar del impulso logrado desde 1778, se encontraba estrechado por las limitadas demandas del "comercio legítimo". A su vez, esta novedosa situación influyó directa y favorablemente en la actividad ganadera en general y actividades conexas.