Imprimir     Recomendá esta nota 03 de marzo de 2010

Scioli-Balestrini, una relación con ruido

Scioli-Balestrini, una relación con ruido

Opinión




Por MARIANO PÉREZ DE EULATE





Las diferencias políticas entre Daniel Scioli y Alberto Balestrini en torno a la próxima elección en Pinamar fueron un crujido estridente en una relación naturalmente sensible -por la envergadura de los cargos que ocupan-, que por momentos orilla la tensión pero que no está quebrada.

Un poco de historia reciente: titular del PJ bonaerense, el vicegobernador Balestrini se jugó entero a que el candidato de su partido en los comicios comunales del coqueto balneario fuera el cuestionado Roberto Porreti. Lo hizo aunque eso chocara contra la lógica. Es que la elección del 28 de marzo será, justamente, para completar el mandato del mismo Porreti, destituido en 2008 luego de que se difundiera un video maldito que lo comprometía. Amigo de sus amigos, Scioli dejó en claro que su hombre allí era el vecinalista Biaggio Blas Altieri, quien reivindica su origen peronista y no reniega de su pasado menemista.

Algunos dicen que aquella fue, en verdad, una pelea acordada entre el uno y el dos de la Provincia porque Balestrini, cuidando las formas, no podía apoyar a un postulante extra partidario. Como si el peronismo provincial no tuviera un master en ese tipo de triquiñuelas electorales. Si no fue un round pactado, habrá que anotarle un poroto al Gobernador. Porque Porretti, cada vez más comprometido judicialmente, al final se bajó de la puja electoral y Balestrini debió bendecir a otra candidata.

EL ANTECEDENTE FRANETOVICH

Lo cierto es que en el entorno de Scioli deben haber festejado la caída de Porreti porque muchos venían cebados contra Balestrini desde que le propinara un duro golpe al ministro de la Producción, Ariel Franetovich, el día que éste debió renunciar a su banca de senador electo en vez de pedir licencia, como él quería, acorralado por la letra del reglamento del cuerpo, modificada hace poco a instancias del Vicegobernador.

Cuando Balestrini llegó a la vicegobernación venía de ser un soldado leal de Néstor Kirchner como titular de la Cámara de Diputados de la Nación. Justo cuando Scioli, que entonces era vicepresidente, pasaba su peor momento con la Casa Rosada. Era ideal la figura de Balestrini. Su punto más fuerte es que, en teoría, maneja con firmeza el puntaje de La Matanza, populoso distrito que define elecciones. Por esto mismo, es un fiel exponente del PJ del conurbano, esa famosa maquinaria política de la que se adueñó el santacruceño desde el inicio de su gestión.

Scioli es lo contrario. Mudado de la Capital a la Provincia, aún hoy no se le conocen punteros propios que dejen la vida por él. No es un secreto que el Gobernador debió soportar unos cuantos meses, como una maldición zumbona, que se dijera que el matancero era el comisario de Kirchner en Buenos Aires, el hombre que lo pondría en caja si nacían eventuales aspiraciones presidenciales sin la venia de la Rosada.

Según fuentes partidarias, un viraje en ese supuesto paradigma inicial estaría repiqueteando en la cabeza de Balestrini, como la publicidad de ese pajarito acelerado, y habría profundizado diferencias preexistentes. Es que, desde hace un tiempo, Kirchner ha venido privilegiado otros interlocutores del poder provincial. El propio Scioli, desde ya, y en especial el jefe de gabinete Alberto Pérez charlan casi diariamente con el ex presidente, quien está a punto de reasumir la titularidad del PJ a nivel nacional.

CONTRASTES

Scioli hace un culto del perfil alto, de la exposición, de la imagen televisiva. Balestrini se siente más cómodo en la rosca política de intramuros que frente al grabador o la cámara. El vice, que jamás romperá el código de abstenerse de criticar al gobernador en ámbitos que puedan amplificar sus palabras, nunca entendió bien esa vocación mediática del gobernador.

Lo dicho: han existido diferencias políticas entre ambos. Scioli tiene como aliado privilegiado al presidente de la Cámara Baja provincial, Horacio González, hombre de la poderosa Primera Sección Electoral, al norte del conurbano. Aparentemente un rival del vicegobernador en la interna del peronismo legislativo bonaerense.

Cerca de González suelen atribuirle a Balestrini una alta dosis de responsabilidad en el fallido intento del primero, a fines del año pasado, de presidir el Congreso del PJ provincial -máximo órgano partidario-, que al final quedó para el veterano José María Díaz Bancalari. La batahola que se armó en enero por la famosa reunión catártica que tuvieron los diputados del oficialismo en Pinamar, donde se escucharon críticas a Scioli y a Kirchner, le sirvió a los operadores de Balestrini para volver a agitar la tesis según la cual el Senado es la verdadera "Cámara leal" al Gobernador y no la que preside González, anfitrión de aquel cónclave.

Nunca lo dirán en público, pero no es un dato menor en este tironeo que Balestrini y González chocan por otro motivo central: ambos aspirarían a estar en la fórmula bonaerense del justicialismo en 2011, esté o no Scioli en la cabeza del binomio.

Balestrini comanda una mesa política de la Tercera Sección Electoral -sur del conurbano- con los intendentes de la zona, que maneja buena parte del Senado (es clave aquí la figura del senador quilmeño Federico Scarabino, hombre de mil batallas) y que ha colado lugares fuertes en el Ejecutivo, como la incorporación del ex intendente de Avellaneda, Baldomero Alvarez, al ministerio de Desarrollo Social.

Pero, hay que decirlo, no todo es tensión. En reuniones reservadas Scioli le ha reconocido a Balestrini el mérito de haberse negado a avalar las locuras institucionales nacidas en los laboratorios hiperkirchneristas luego de la derrota electoral del 28 de junio del año pasado, que buscaban obligar al gobernador a asumir la banca de diputado electo para dejar en manos de su vice -y, por ende, en alguien de confianza para la Rosada- los destinos de la Provincia. "Ahí, Alberto jugó bien", se sinceraron las fuentes sciolistas.


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